PLANTAS MEDICINALES PARA EL HÍGADO Y LA VESÍCULA BILIAR

Admin/ octubre 23, 2021/ Mensajes positivos

La cantidad de plantas medicinales que poseen una acción beneficiosa sobre los padecimientos del hígado y de la vesícula biliar es relativamente elevada. Muchas de ellas se conocen desde hace muchos siglos. Otras, en cambio, se han descubierto no hace tantos años, gracias a estudios experimentales, colocando una sonda duodenal y analizando la cantidad y calidad de la bilis emitida tras la administración de toda una larga serie de plantas medicinales, tanto en forma de infusión como de extractos. Curiosamente, algunas de ellas eran utilizadas por la tradición popular para otros fines.

Hoy en día existe una gran cantidad de pacientes con molestias en la vesícula y vías biliares que se someten a una intervención quirúrgica para librarse de sus padecimientos. Es cierto que gracias a los progresos experimentados en la práctica de la anestesia y en la técnica quirúrgica, actualmente hay menos riesgos de que surjan complicaciones que hace unos años. Sin embargo, siguen siendo numerosos los pacientes que presentan trastornos postoperatorios. Es el conocido síndrome post-colecistectomía del que tanto se habla en medicina y que no pocas veces requiere una nueva intervención quirúrgica.

CONSIDERACIONES GENERALES

El tratamiento a base de determinadas plantas medicinales desempeña aquí un importante papel. No hay que olvidar, por otra parte, que la inmensa mayoría de las colecistopatías (padecimientos de la vesícula y vías biliares) se presentan en estado latente y muchas veces se trata, en realidad, de trastornos funcionales crónicos (disquinesias). Las plantas medicinales que vamos a emplear en estos casos serán aquellas que posean no sólo una destacada acción colerética (aumento de la secreción de bilis por el hígado) y colagoga (aumento o aceleración de la evacuación de la bilis por estímulo de la contracción de la vesícula biliar), sino además, a ser posible, espasmolítica(antiespasmódica), carminativa (que impide la formación o favorece la expulsión de gases intestinales), tonificante (donde determinados amargos -ajenjo, cardo mariano, etc.- desempeñan un importante papel) o laxante.

Es frecuente que padecimientos de la vesícula biliar se acompañen de estreñimiento; a menudo se observa cómo la regulación de las deposiciones intestinales actúa de forma muy favorable sobre la evolución de la enfermedad biliar.

Por otra parte, es evidente que en el caso de una colecistopatía aguda no emplearemos plantas medicinales que estimulen una vesícula ya de por sí hipersensible. En cales casos, para combatir el doloroso cólico hepático (o biliar) podremos administrar tintura de Belladona (o medicamentos que contengan su alcaloide atropina) de poderoso efecto espasmolítico.

Un apartado importante lo ocupan, actualmente, las enfermedades del hígado, cada vez más extendidas. Nos referimos tanto a la hepatitis epidémica aguda, como a la hepatitis crónica y a la llamada esteatosis hepática (infiltración y degeneración grasa del hígado) tan frecuente en la sociedad occidental de nuestros tiempos, habituada a una sobrealimentación y a un abuso en el consumo de alcohol.

Por regla general, el mejor tratamiento, en cales casos, es seguir una serie de normas dietéticas, como evitar alimentos grasos, fritos o cocinados con aceites recalentados. Limitar su uso al máximo o poner gran cuidado con las legumbres, las especias fuertes (dosis elevadas), las verduras flatulentas (col, coliflor, etc.) y el consumir fruta en gran cantidad (lo que no es recomendable en estos casos).

Otra medida de gran importancia práctica es la aplicación, sobre la región del hígado, de calor local, (en forma de saquito de heno, emplasto de patatas, barro caliente, etc.), después de cada comida.

Los medicamentos a que suele recurrir la medicina oficial en estos casos varían, desde las inofensivas sustancias lipotrópi-cas y el complejo vitamínico B, hasta los peligrosos corticoides y fármacos inmuno-supresores, sin que en la mayoría de los casos esté demostrada su verdadera eficacia.

UTILIDAD DE LAS PLANTAS MEDICINALES

Grandes perspectivas poseen, en cambio, ciertas plantas medicinales, entre las que cabe destacar el cardo mariano (Sylibum marianum) que podemos considerar como la planta de elección en el tratamiento de las hepatitis, tanto agudas (víricas) como crónicas, y de la esteatosis hepática, con las ventajas, frente a otros medicamentos, de estar desprovista de acciones secundarias indeseables (no hay toxicidad). Dentro de las posibilidades fitoterapéuticas del tratamiento de las enfermedades del hígado, vesícula y vías biliares, cabe destacar:

AJENJO (ARTEMISIA ABSINTHIUM).

Sus propiedades medicinales se conocen desde muy antiguo; se trata de un Amarum aromaticum, debido a las substancias amargas y a los aceites aromáticos que contiene. Su empleo como aperitivo, tanto en forma de infusión, como formando parte de determinados vinos o wermuts (nombre del ajenjo en alemán) ha gozado desde siempre de una gran tradición.

De su composición química nos interesan principalmente esas sustancias amargas que contiene y que determinan su acción medicinal. Ésta es debida, en el caso que nos ocupa, a una acción carminativa, por una parte, y colerética-colagoga, por otra. De destacar es también la presencia en pequeña proporción de un aceite aromático (Oleum absinthii: 0,2-0,5% en la planta) que produce un beneficioso efecto estimulante sobre el sistema nervioso central y tonificante de la vesícula y vías biliares.

El empleo de dicho aceite aromático en una mayor concentración de la que se presenta en la planta es nocivo para la salud, tal como ocurre en la absenta (bebida alcohólica que por dicho motivo esta prohibida en muchos países).

El ajenjo es un excelente remedio, tanto para combatir los trastornos funcionales (disquinesias) de la vesícula y vías biliares como en el caso de una latente colecistopatía, es decir, para el paciente aquejado de molestias debidas a un estómago atónico y con una insuficiente secreción de jugo gástrico. Son síntomas tras los cuales suele hallarse una colescistopatía latente que, a su vez, suele ser la responsable de pequeños trastornos y molestias después de ciertas comidas (sensación de repleción intestinal, formación de gases, etc.).

Cómo se toma

• Infusión: 1 cucharadita de ajenjo en una taza de agua hirviendo. Se deja reposar unos 10 minutos y se tomará bien caliente después de cada comida, ya que nos interesa principalmente su acción sobre la vesícula biliar y no como aperitivo o tónico estomacal (antes de las comidas).

En cuanto a su característico sabor amargo es inútil tratar de endulzarlo con miel o azúcar, ya que lo dulce con lo amargo no se combina bien. Es preferible dejar su sabor natural, al que pronto uno se acostumbra.

• Tintura (disolución alcohólica): de 10 a 30 gotas, tres veces al día. Normalmente haremos uso del ajenjo, tanto en forma de una cura (toma periódica) de tres a cuatro semanas, como tras un error dietético (comida copiosa, rica en grasas, etc.) o excitación psíquica (estrés, preocupaciones, accesos. de ira, etc.).

Existe además un par de plantas aromáticas condimenticias que pertenecen a la misma familia botánica que el ajenjo. Se trata del estragón (Artemisia dracunculus) de gran aprecio en la cocina francesa, y el abrótano (Artemisia abrotanum). Ambas deberían ser empleadas más a menudo por parte de aquellas personas que padecen trastornos de la vesícula biliar.

CARDO MARIANO (SILYBUM MARIANUM).

Esta planta medicinal es conocida y empleada con el nombre de amara desde antiguo. Reciben el nombre de amara una serie de plantas medicinales caracterizadas por su sabor amargo y por la facultad de estimular la secreción de jugo gástrico y desarrollar una acción tónica del organismo en general. Su uso había decaído en los últimos tiempos, hasta que gracias a una serie de nuevas investigaciones, se les descubrió un principio activo (Silimarina), gracias al cual se considera al cardo mañano la mejor planta medicinal de que disponemos en el tratamiento de las enfermedades del parenquima hepático (en particular las hepatitis).

Sus virtudes curativas no sólo se han probado en las personas (es decir, en enfermos del hígado), sino también en animales de experimentación. Por estudios loxicológicos se ha demostrado su inocuidad. En cuanto a su acción farmacológica, cabe mencionar una notable y probada acción protectora hepática a la vez que curativa, por acción directa sobre la membrana de las células del par enquima hepático, es decir, de las células que forman propiamente el hígado.

El cardo mariano estará pues indicado en padecimientos del hígado, como cirrosis hepática, la degeneración grasa del hígado (esteatosis hepática), así como en la hepatitis, tanto aguda como crónica. En este último caso, el paciente, al cabo de un par de semanas de tratamiento con dicha planta medicinal, suele experimentar una notable mejoría de su estado general, recuperando paulatinamente sus fuerzas y aumentando el apetito.

Los trastornos a nivel del estómago c intestino mejoran, disminuyendo, a su vez, la sensación de opresión en la parte superior derecha del abdomen (zona hepática). Las cifras de bilirrubina y transaminasas en suero (valores que suelen hallarse alterados en las hepatitis) tienden a normalizarse, lo que prueba una evolución favorable del curso de la enfermedad.

Cómo se toma

• Infusión: se emplean los frutos de la planta (Fructus Cardui Mariae). La dosis es de 1 cucharadita por taza de agua hirviendo, dejándose reposar de 10 a 15 minutos. Se toma bien caliente y a pequeños sorbos, 3 o 4 veces al día (por las mañanas, en ayunas; media hora antes de la comida y cena, y por la noche antes de acostarse).

Es recomendable añadir a la infusión unas hojas de menta, no sólo para mejorar su sabor, sino también como refuerzo de su acción medicinal.

• Tintura (solución alcohólica): 20 gotas, de 3 a 4 veces al día.

• Extractos farmacológicos: Legalón, Hepafungin, etc.

Fuente: SALUD INTEGRAL

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