FELICIDAD COMPARTIDA LA BÚSQUEDA DE LA IDENTIDAD PERSONAL

Admin/ noviembre 27, 2021/ Mensajes positivos

Una sociedad en la que la soledad (entendida como ausencia de pareja) de una persona la convierte en alguien sospechoso es una sociedad enferma, pues está negando una realidad básica: nacemos solos y morimos solos. Nadie puede nacer por mí y nadie puede morir por mí. Si esos dos momentos fundamentales de nuestra vida son solo nuestros, ¿qué nos hace pensar que en el resto del viaje no sea necesario transitar etapas prolongadas a solas con uno mismo?

Huir de la soledad es una forma de huir de nosotros mismos; un deporte extendido y perjudicial para nuestra salud mental. De entre todas las mentiras que se transmiten desde hace años, de padres a hijos, de madres a hijas, y que las películas de Hollywood, las agencias de publicidad y todas las series de televisión explotan, la más nociva es el mito del amor romántico, el de la media naranja. La situación desastrosa en la que se encuentran las relaciones de pareja actualmente es, sin duda, fruto de la revolución que ha supuesto el cuestionamiento del papel dominante del varón y de la consiguiente (y, en ocasiones, solo supuesta) liberación de la mujer. Pero, también, de la idea de que la felicidad me la va a dar el otro; otro ser especialmente creado para encajar conmigo.

Solemos tener la necesidad de que nuestra vida encaje con lo que nos habían dicho que era la vida, pero no siempre no es fácil conseguirlo. No en vano, en más de una ocasión ni con calzador podemos aplicar las máximas, las coordenadas, la hoja de ruta que nos habían dado para recorrer mi camino. Definitivamente, las cosas no son como nos las habían explicado. O como las habíamos entendido hasta entonces. No es que seamos “raritos” o inadaptados, sino que, adaptarse a aquella realidad ficticia supone vivir para siempre en una falacia y, peor todavía, reprimir nuestra auténtica esencia, que se debe resistir a amoldarse a unas creencias y pautas de conducta que traicionen lo más profundo de cada uno.

Marita Osés escribe el libro ¿De qué va el amor? tras haber descubierto una realidad que nos rescata a todos de las mentiras que pueden habernos hecho daño. Es una verdad que ahora habita en ella y que, una vez revelada, resulta imprescindible para vivir con sentido: que podemos amar mucho más de lo que nos creemos capaces y que es, ni más ni menos, esta capacidad de amar sin medida lo que configura lo más esencial de nuestro ser. Y precisamente porque es esencial es irrenunciable y común a todos nosotros.

“AMARSE A UNO MISMO es el comienzo de un romance de por vida. Quien mira hacia fuera, sueña; quien mira hacia dentro, despierta”.

Pero, contrariamente a lo que predica el amor romántico, no siempre fluye con naturalidad. En infinidad de ocasiones requiere un acto de voluntad consciente para activarse y demostrarnos su enorme poder transformador.

Este libro significa toda una aventura que se acompaña de la esperanza de lograr que los lectores que se inmiscuyan entre sus páginas despierten de una vez por todas de este prolongadísimo letargo y abran los ojos a una realidad que nos constituye y que es la expresión y la condición de nuestra plenitud.

FELICIDAD PROPIA

Si creemos que la otra persona tiene que hacernos feliz, le hacemos automáticamente responsable de nuestra infelicidad. Esto es cargar a la pareja con una mochila que no le corresponde. La responsabilidad de ser felices nos incumbe a cada cual, y solo nosotros podemos aceptarnos, reconciliarnos y querernos con la intensidad necesaria para sentirnos personas dignas. ¿Dignas de qué? De serlo y de ser amadas. No somos dignos de ser amados a partir del momento y porque una persona haya decidido amarnos, sino simplemente porque somos personas. Cualquier persona tiene derecho al amor, por el hecho de serlo.

Otra cosa es que todas las personas que encontramos en nuestro camino (la pareja entre ellas) nos ayuden en el proceso de conocimiento, aceptación y reconciliación con nuestros propios errores y limitaciones, pero como necesarios colaboradores, no como responsables. Cuando hacemos responsable a otra persona de nuestra felicidad o infelicidad propia, estamos delegando en ella un derecho y un deber que solo nos atañe a nosotros mismos. Esto nos lleva a actuar como una criatura inmadura que encuentra siempre fuera de sí la culpa de todas sus desgracias personales. Adoptamos el rol de víctima, nos negamos a ser protagonistas de nuestra vida, poniéndonos en manos de los demás.

Todos estamos convencidos de que los niños no están preparados todavía para formar pareja. Pero hay cantidad de “niños” y “niñas”, no en cuanto a su edad biológica, sino a su madurez, que siguen buscando fuera de ellos la causa de sus problemas, incluidos los de pareja. Al final, los problemas de pareja son el saco al que va a parar todo lo que no funciona, cuando, en realidad, la relación amorosa es solo una faceta (opcional) de las muchas que conforman la vida de una persona. En lugar de exigir tanto a la relación, ¿por qué no empezar por cada uno de sus integrantes?

FELICIDAD… ¿PRESTADA?

El mito de la pareja feliz y, más adelante, el de la familia feliz, no es más que una prolongación del mito de la media naranja. Una ficción creada que prescinde de la realidad tal como es e inventa un ideal al que aspiramos y al que le ponemos la etiqueta de “normal”. Cuántas veces no habremos oído: “¿No podemos ser una familia normal o una pareja normal?”. ¿Qué significa eso? Absolutamente nada. “Normal” es para cada uno aquello que ha decidido que se ajusta a lo que considera aceptable o ideal.

Claro que son más agradables los ratos en que sentimos sintonía y todo fluye que aquellos otros momentos en los que hay desencuentros, discordias o enfrentamiento. Pero eso no significa que esto último no sea normal. Simplemente es real, sucede, y puesto que sucede, más nos vale darle sentido.

Una de las causas más decisivas del enfriamiento es haber dado por sentado que la relación de pareja crece sola, que no requiere cuidados. La frágil plantita que es la pareja humana requiere cuidados regulares y, de vez en cuando, atención especial. Por lo general, casi toda nuestra energía se centra en el trabajo y luego en actividades que nos ayuden a desconectar del trabajo, que no necesariamente son de conexión con nuestra pareja. Para acabar de complicar las cosas, la llegada de los hijos hace que la pareja quede en segundo término. Y es que hacen falta dosis ingentes de paciencia y comprensión. Paciencia infinita para volver a montar el puzle sin que chirríen las piezas. Comprensión para aceptar que la energía que teníamos solo para nosotros dos, ahora la compartimos con más destinatarios, que además dependen de nosotros para sobrevivir. De lo contrario, entramos en la dolorosa experiencia de la soledad en pareja.

Y, paradójicamente, ese es el momento ideal para empezar a querernos de verdad, con mayúsculas, incondicionalmente. Aceptando la fragilidad de nuestro amor y de cada uno de nosotros; querer al otro por lo que es, no por lo que me reporta; empezar a conocerlo de verdad, no tras el velo del enamoramiento inicial, que es una proyección de lo que deseamos, sino partiendo de su ser verdadero. En este proceso, empieza el trabajo de aceptación, y se inicia el segundo enamoramiento. Estás con la persona de siempre, pero te enamo- ras de otros aspectos de ella que ni siquiera habías intuido que estaban allí.

“NO EXISTEN PROBLEMAS DE PAREJA, sino problemas personales que afloran en la pareja y la distorsionan”.

LA ETERNA BÚSQUEDA

Vamos por la vida buscando a nuestro alrededor, como con un catalejo en la mano. ¿Qué buscamos? Respuestas, razones de lo que pasa, justificaciones, excusas, milagros, etc. Por alguna razón, tu ser prefiere buscar fuera o, simplemente, distraerse con lo que hay por ahí. Pero si te pasas toda la vida así, acabas perdiéndote lo mejor: saber quién eres.

Por eso, en un momento determinado, hay que agarrar el catalejo y doblarlo hasta que adopta forma de U y el extremo que quedaba lejos de uno señalando al horizonte, apunta a tu corazón. Para doblarlo de esa manera se necesita una fuerza inmensa. Puedes pasarte horas, a veces días, venciendo una resistencia feroz.

Fuente: MAS ALLA

NAMASTE

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